Es muy difícil escribir sobre vos mismo porque no sabes qué es realidad y qué es imaginación. Cuánto de lo que pensas es real y cuánto es algo que crea tu mente y crees que es realidad. Cuando los pensamientos se vuelven fatalistas sentís que ya no tenes salida, sentís que todo se termina en un segundo. Pero ese segundo pasa y te das cuenta de que nada cambió, de que la televisión sigue en el mismo lugar, reproduciendo el mismo canal. Es que tan sólo pasaron unos segundos, pero en tu mente fueron horas. No fueron horas pero tu mente pasó por tantos lugares y sacó tantas conclusiones que el cuerpo hubiera necesitado años para llevarlos a cabo. Ya te imaginaste el mañana, el pasado y te imaginaste también la vida en 10 años. Pero siempre volves y cuando volves te das cuenta que fuiste más allá de lo que querías, que no querías pensar tanto ni irte tan lejos. Ahí es cuando te das cuenta que no lo podes evitar. Que estas encerrado en ese mundo creado por tu mente, por tus pensamientos, y que vivís en una época con tu cuerpo y en otra, mucho más avanzada, con tu mente. El problema surge cuando tu cuerpo llega a ese momento al que tu mente ya había llegado unos años antes. Te encontrás con que no es igual, no es como tu mente lo imaginó, no es nada igual a cómo lo planeaste con esos pensamientos futuristas y carentes de lógica.
Ahí es cuando le abrís el camino a la frustración, esa frustración de no haber logrado lo que te propusiste. Pero pensas: “¿En verdad me lo propuse o sólo fue un producto de mi imaginación?, ¿Qué hice para llevar a cabo ese plan que tan estructuradamente planeó mi mente?”. Y te das cuenta que no hiciste nada, que no hiciste nada porque tu mente voló tanto que no te dio la vida para hacerlo, que no te dio el tiempo físico para lograr lo que tu mente ideó. Pero no podes evitar esa sensación de frustración. No lo podes evitar, porque si así lo planeaste, así tendría que haber sido. Tendrías que haberte esforzado más, tendrías que haber buscado la mejor forma de alcanzar ese objetivo. Y aunque te das cuenta que el cumplimiento hubiera sido imposible, no te importa. Ignoras ese hecho insignificante de que era biológicamente imposible que lo logres. Lo ignoras por completo porque no te importa si se podía o no. Lo único que hiciste fue crear esa imagen en tu cabeza y como todo objetivo tendrías que haberlo logrado, aunque supieras muy dentro tuyo que era imposible.
Y lo peor es que nadie entiende ni tu angustia, ni tu dolor, ni tu euforia ni tu exaltación. No lo entienden porque ahí es donde tu cuerpo intenta ir a la misma velocidad que tu mente. Ahí es donde pasas por miles de estados de ánimo en milésimas de segundo porque así es como funciona tu mente. Tu menta va a mil y tu cuerpo la quiere acompañar. No podes evitar pensar, entonces te obligas a actuar de la misma forma. Porque el cuerpo es más fácil de manipular que la mente. Porque tu mente te obliga a pensar aunque vos no quieras y como consecuencia vos obligas a tu cuerpo a seguirla. Porque sobre tu cuerpo sí tenes control. Y lo obligas. Aunque eso te provoque heridas, aunque lastimes a tu cuerpo cada días más. Nuevamente no te importa porque por más que se esfuerce nunca va a alcanzar a la mente. Y más lo vas a lastimar, más lo vas a exigir. Tu cuerpo tiene que poder responder a lo que le pedís ya que tu mente no te pertenece. Tu mente está mucho más adelante y vos la queres alcanzar. Porque si no la alcanzas te vas a destruir y es preferible destruirte el cuerpo que destruir tu mente. Nuevamente sabes que no lo vas a lograr y que, sin embargo, vas a terminar agotada mentalmente y con el cuerpo hecho pedazos. Tu cuerpo ahora está desangrando y está agotado de pelear una lucha que desde el comienzo estaba perdido. Lo peor es que vos lo sabías y otra vez no te importó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario